Actualmente, los problemas derivados del uso excesivo de productos químicos (fitosanitarios y fertilizantes de síntesis) del siglo XX, el impacto del comercio global sobre el mercado local y los problemas derivados del cambio climático están amenazando la producción agraria, que afecta tanto a productores como a consumidores.
“¿Qué le pasa al campo? ¿Qué le han hecho al campo?” , se preguntaba Joan Manuel Serrat en 1973, enunciando muchos de los problemas que hoy seguimos enfrentando: contaminación, erosión, deterioro del medioambiente y, de manera anticipada, la pérdida de biodiversidad, la salud de las personas y fauna animal, y otras agresiones ambientales. Entre todos estos desafíos, la preocupación por la salud de las personas llevó, hace varias décadas, a la implementación de políticas orientadas a reducir el uso de muchas sustancias activas (pesticidas químicos) debido a su impacto negativo tanto en las personas como en el suelo.
Asimismo, se introdujeron sistemas de trazabilidad para garantizar la homologación, el control y la calidad de los productos, tanto de los insumos utilizados en la producción como de los productos comercializados para el consumo. Además, se ha incrementado la inversión en investigación y desarrollo de prácticas agrícolas regenerativas, que buscan restaurar la fertilidad del suelo y mitigar los efectos del cambio climático.